Dote de poto a tres. Tebeo esteta.

sábado, 3 de mayo de 2014



Martín López Lam (Lima, 1981) practica unas políticas de grafista, de internauta y de guionista de sus tebeos que quisiera describir. Él es entre otras cosas un autoeditor responsable, con una línea editorial férrea y paradójicamente heterodoxa. Visiten sus Ediciones Valientes o síganlo en su twitter. Es vocero de plásticas más allá del nombre editorial, y no me vengan a joder con que resulta interesante. Hay una maldición milenaria china que obliga a tomar parte: “ojalá te toque vivir una época interesante”. Intenten, por ejemplo, como si de El Bosco se tratara, escalar al tamaño que le corresponda e imaginar a su lado, querido lector, bien reales, a los monstruos folklóricos medio inventados que Martín dibujó y se autoeditó no hace mucho; o en éstas, proyecten a los personajes secundarios y a menudo limítrofes (aquellos de fondo en sus tebeos con la cara curtida y nariz de borracho) a su lado ahora o en el supermercado. Jueguen, por ejemplo, a imaginar si huelen acre, ácido o amargo. Este ejercicio te lo aguantan pocas gráficas.

Más monstruos imposibles.
‘Dote de poto a tres’ (Ediciones Valientes, 2013) es un fanzine de cómic rescatado de la novela grafica ‘Parte de todo esto’ (De Ponent, 2013) del mismo autor. Lo grafico aquí está reciclado (que no redibujado) de las viñetas de su propio libro. Hasta el título del fanzine es el título del libro reorganizado, las mismas letras, todas, y creo que no al azar en cuanto a que Dote, en las bodas, es el regalo familiar que le corresponde a los recién casados; de Poto: de algo, porque donde en este país un poto es una planta de maceta grande, en Lima, donde Martín nació y se crió, quizá sea otra cosa. Y a Tres, de los cuales a su vez uno, el primero, es el protagonista trasfigurado en cada capítulo de ‘Parte de todo esto’, el segundo, la mujer narradora de este zine, tan lúcida, tan ser humano, el Ella; y tres, el que suma tres, el tercero en discordia entre chico y chica, o la Lima del viaje en este fanzine, o el propio lector, o quizá sólo un espejismo a modo de imán jodiendo cualquier brújula.

Debo decir que este tebeo en Martín López es una rareza. Sus comics en Argh!, en KOVRA (el zine de cómix internacional que coordina y edita), en los Tumba Swing o en cualquier otro que yo haya leido son menos discursivos y más excéntricos a veces, más Crumb, más prosa punk deliberada siempre y cuando, y en cualquier caso, uno no haga por traducirse las psicologías de los personajes y/o no quiera bucear qué dice la gráfica al tiempo que lee lo dibujado.

Si he elegido este fanzine es porque me parece el mejor tebeo de este autor y porque hoy en el comic patrio apenas hay literaturas. Sea Martín limeño o no, no le conozco a esta españita de la historieta ninguna poética transparente. A buenas, las peores, hay cripta. A malas, épica y melodrama premiado y rentable. No conozco novela gráfica española desnuda y trascendental a las claras contundentes. No existe la experiencia vívida y abstracta en el lector de tebeos porque no hay tebeos con estas ganazas, las este fanzine, además, tan sobrias. Como anécdota, la narrativa de ‘Dote de poto a tres’ se la debe el lector a la voz en off. A los cartuchos de texto. En este aspecto, citando a Roberto Bolaño, “en el centro de la trascendencia -de los textos de Martín, apostillo- sólo hay sentido común”. La secuencia de imágenes aquí es pura abstracción y suma. Por eso este comic es exacto, por eso es Verdad o al menos una de sus representaciones plausibles.

Por ultimo, hay un aspecto general en el dibujo de Martín que me gusta y es fomento en mi empeño de mirar lo dibujado: Las caras, los edificios, los coches o por ejemplo la ropa que dibuja siempre parece sucia. Tiene uno la sensación habitando sus espacios que todo tiene una capa de ruido encima y no hay ni una sola superficie pulida, diáfana, ni camisa planchada en sus cómics. Así, me sorprende que con este barniz orgánico sobre lo urbano, biológico, todas las plantas, bosques y flores que dibuja tengan paradójicamente ese aspecto tan neto y definido, tan aseado y reconocible. Puede parecer de perogrullo -y así me despido- pero me divierte mucho rescatar del dibujo de Martín la ausencia de suciedad estrictamente biológica en, precisamente, lo biológico.

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