LO FINITO.

domingo, 6 de marzo de 2016

Tenemos la fea costumbre de proyectarnos en el éxito relativo. En el que cada cual decide para sí. En el pre-supuesto. Horas y horas en esa dirección autoeditando, trabajando en cualquier oficina, follando o entre ocios. Éstas dinámicas progresistas bajo criterios de cantidad o calidad son cáncer y metástasis. Entre otras desgracias monetizan el desde dónde y el para qué hacemos las cosas.

Cuanto más tienes más gastas, si se trata de dinero. Lo proyectado, esas metas de futuro, generalmente no llegan nunca. Esa prorroga constante ocurre. Ese trabajar hasta las tantas de la mañana en nombre de los juguetes que le vas a regalar a tu hijo en vez de jugar con él. Ese poner al final lo que debería estar al principio. Ese ahorrar para tener unas buenas vacaciones o para la propia jubilación en vez de intentar ganar menos pasta y poder emplear el tiempo monetizable en hacer a diario lo que a cada cual le dé la gana. Le escuché a Hugo Mujica que en un viaje a Marruecos un paisano le decía: “Vosotros tenéis el reloj, nosotros el tiempo”. Pasa por ahí.

Me ha dado por hacer música y no vale nada. Así me he reconciliado con la autogestión. Estaba cansado. Si más adelante consigo hacer que suene y me da el calentón lo autoeditaré. Las canciones están en mi Bandcamp y si las muestro colgándolas allí es porque creo fundamental exponerse y tenerlas a mano. Pero no es el tema. Intento escribir sobre autogestión, no de autoedición. No es lo mismo. La autogestión como apertura, digo. Rudimento, entendederas y finitud.

Estamos en el mundo porque sí. Si lo razonas, lo cientificas o lo rezas con lucidez y análisis todo remite a un profundo no tener ni puta idea. El mismo mundo es un porque sí. En lo frontal las cosas ocurren sobre un fondo indiferenciado. Hay un sinsentido, un vacío fértil dice lo Hindú, al que sólo le corresponde gratuidad. Gratuidad para el porque sí. Y en éstas, autogestionarse y autoeditar está más cerca de ser tautología que paradoja. En rigor no creo que hacer un fanzine desde el compromiso, hacer música desde el debo, quiero y puedo hacerla, o escribir con cierta disciplina militar y laxa deba ser confrontación. No es un oxímoron. No es paradojal. No es resistencia. Las prácticas de la autogestión son un resolver sin saber, y las de la autoedición pura bitácora, diario, además de un hacer que haya algo en el mundo que antes no existía. Un porque sí, insisto. Y punto. Y un fanzine más no le importa a nadie. El final de tu empresa, de tu propia vida o del sistema solar ocurrirá, pero ojo, no jodáis, no se trata de sumarle muerte a la finitud. Nunca. Se trata en esta solicitud que escribo de hacer las cosas tal y como es el mundo, lo intramundado y la misma muerte. Sin metas de destino, remisiones originarias, ni asideros de cualquier ciencia positiva. Ojalá y ganar el máximo dinero posible con la menor inversión de tiempo sin ser un hijo de puta para tronar a gusto y a menudo con lo demás. Para que el silencio ocurra. Para que el trance pacifique. Para reembolsarle mundo al mundo, y por qué no, autogestión a la autogestión.

1 comentario :

  1. me has dado la clave: un porque sí. Para mi también es un poner orden al desorden (mental). Saludos

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