Querida Elisita de Marta Pina.

sábado, 12 de julio de 2014

 
“Llegará un día que nuestros recuerdos serán nuestra riqueza”, dijo el poeta Paul Lefèvre, y en verdad que no estaba tan perdido, ya que la historia de los días solamente puede ser conservada en los recuerdos, que apoyándose en una documentación adecuada será la manera de que éstos no desaparezcan, que no se borren como si nunca hubieran existido, como si las vivencias no hubieran sido reales, como si nos hubiéramos inventado imágenes o incluso objetos; ya que parte de lo que tiene el tiempo y su paso, es que como escribiera Paul Auster en El país de las últimas cosas (Anagrama, 1994): “No solo desaparecen las cosas, sino que cuando lo hacen, el recuerdo de ellas también se desvanece. Surgen zonas oscuras en la mente, y a menos que uno haga el esfuerzo constante de computar las cosas que ya no están, acabará perdiéndolas para siempre.” Me atrevería a agregar que no solo las cosas, sino que también las personas son las que desaparecen si no se les recuerda, y dentro de este saco se puede incluir a nuestros antepasados, nuestro árbol genealógico, aquellos que estuvieron antes que nosotros y de los que muchas veces desconocemos su historia.


Querida Elisita (18.5 x 11 cm. 34 págs. Color.) es un trabajo de documentación —si se me permite decirlo así— en el que Marta Pina ha seleccionado una colección de postales que le enviaba el Tío Paco a Elisita, la bisabuela de Marta. Estas postales fueron enviadas entre 1916 y 1924. El tío Paco, quien fuera un militar destinado a Manila, Filipinas, y que, por los textos de las postales, podemos percibir el profundo cariño que le tenía a Elisita, se esmeró en enviar de vez en cuando algunas palabras para no perder el contacto con su sobrina.


Es una edición exquisita y muy cuidada en el diseño y sus matices que le acompañan. El trabajo que aquí Marta Pina ha hecho, no solo puede evaluarse por su ejercicio de autoedición explícita, sino por la valentía y el buen gusto que tiene el abrirnos una ventana a un momento histórico que acompaña el legado de su familia y que nos deja —a los lectores— en un estado de reflexión y bienestar por ser partícipes de lo que fue una entrega pura de cariño.


Marta Pina sabe cómo llegar a quienes disfrutamos de su trabajo, por lo que aplaudirle no es suficiente para hacerle saber el buen sabor que deja echar un vistazo a lo que hace, su bien hacer. Si quieres disfrutar y tener una experiencia estética de gran nivel, te recomiendo que sigas sus andares, puedes hacerlo en:

http://industriaslentas.com/

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