Anna Love. Una historia en imágenes.

martes, 10 de marzo de 2015

"El sistema capitalista occidental concibe el objeto como una recompensa por el trabajo efectuado o por el éxito (...). Y una vez acumulados esos objetos definen la personalidad del yo, realizan y expresan sus deseos" Jeff Koons

Fotografía del blog de Mon Magán.

Los planteamientos con los que nos encontramos al hablar de estética dentro de una obra —en cualquiera de sus ramas—, son tan amplios, que me siento obligado a aceptar una falta de conocimiento profundo. Aun así, abordaré el tema hablando de la estética del asombro en la que todos participamos, así como la relación de imágenes con situaciones donde bien podrían ser parte de una historia donde el relato gráfico, deja al alcance de la intuición y la razón una variedad de sucesos dentro de lo que el autor quiere tratar, o que —tal vez— podría ser otra de las tantas posibilidades imaginables para que el observante interprete; pues ésta es una de las formas también válidas en un mecanismo a la hora de crear obra —sea cual fuere— y así transmitir las ideas que se buscan, porque, ¿que no es la obra el resultado del desarrollo creativo del que ejecuta y de la observación casi empírica del receptor de la misma?, y recordando lo que dijo Jean-Luc Godard: «Si un espectador me dice: el film que vi es malo, le digo: es culpa tuya, porque ¿qué hiciste para que el diálogo fuera bueno?», y ya estando en estas y si nos ponemos a hilar fino, diríamos entonces que el discurso, e incluso la estética planteada en cualquier proyecto, será destinado a un público; o siendo más exactos, no es que sea "destinado" ni dirigido a alguien en especial, sino que la lectura que se pretende dar está creada para cierto número de personas que saben de qué trata el tema y cómo el funcionamiento de sus rudimentos, aunque el destinatario final de la obra nunca es completamente sabido por el autor. Con lo que se puede decir, que no se sabe a ciencia cierta quién será el poseedor ni cómo sus interpretaciones, pero sí, que la estética del asombro será, por razones obviadas, la que oficie el talante.

Quizá donde los personajes mismos de la obra son parte del proyecto, es donde se pueden ver las ideas casi transparentes del autor, sus anhelos, las líneas que separan al hilvanador de la materia, al creador de la logística, los engranajes del sistema, sus desarrollos.
En el caso de Anna Love (Mitad Doble ediciones, 2014) de Mon Magán, podemos ver un claro ejemplo de la planificación previa discursiva enfocada a la realización de una historia en imágenes, que ha sido tratada, estudiada, desfragmentada, incluso esquematizada (ver el blog), de modo que las ideas difícilmente puedan escaparse del planteamiento inicial para desarrollar una historia que el autor tiene en mente, y así obtener el objeto matérico, creando una estética fotográfica documentalista que hace alusiones fílmicas donde los personajes son la base del argumento, en un marco de ficción enfocado a lo que podría ser denominado estética del sentimiento —por ejemplo—, donde el amor, la muerte (...), la soledad, la introspección, dan como resultado un estudio —casi formal y psicológico— que culmina en un libro de fotos detallado, armonioso y con varias lecturas perceptibles.
Magán analiza el tema de las nostalgias desde un ángulo del visionario, del observante. Mira un suceso como quien participa en el acto, casi Voyeur sin entrometerse en las situaciones. Por una parte tenemos a Carlos, un chico solitario y romántico, que encuentra varias fotografías mientras practica footing, en ellas la representación de una mujer seduce sus pensamientos, crece en él la duda. Aquí se puede acentuar que somos víctimas gráficos de la imagen y nos atrae el saber de los desenlaces. La fotografía ha servido desde sus inicios como un medio más para contar algo.
El fotozine que presenta Mon Magán, también nos habla de Anna, quien sus anhelos le conducen a la muerte, a la negación del yo, mientras que Carlos, en su búsqueda encuentra el final del camino y la iconografía clara y evidente del olvido, que se transforma, otra vez más en la nostalgia.
Un fino trabajo que por no desfragmentar más su trama, sería recomendable que veas y te dejes seducir por sus movimientos, por los silencios que le acompañan, por las sensaciones que transmite en cada una de sus páginas, en el conjunto al hojear su testimonio.

Fotografía del blog de Mon Magán.

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